EL
CARRO DE LA LEJÍA, 9 de noviembre de 2916 (comienzo de un mundo aún más feo)
PATO
DONALD Trump, o donde la arrogancia es la máxima expresión.
Llegó a la alta política el pato que se enoja cuando no le
salen las cosas a gusto, que luego aparece suave para no perder el encanto de
seductor, que baila sobre un pie y habla, habla y habla diciendo disparates sin
cuento, incluso contra los que desea que le amen. Pato Donald Trump (Triunfo)
presidente de América; parece una broma, el misógino declarado, racista
declarado, antihumanitario declarado, antibelleza declarado siempre que no sea
la de los concursos de belleza femeninos, anticultura evidente, arrogante antes
de abrir esa boquita desagradable que tiene tan bien dispuesta para el insulto,
presidente de América. Así va el mundo, de cabeza, ahora rubia y con dos
entrantes que parecen cuernos de diablo. Lo mejor que tiene este presidente es
que hará bueno a Bush, bestia parda de la guerra de Irak, creador de la nueva
violencia universal, de la mentira universal con sangre y lágrimas.
En fin, el mundo es una broma, cada día más broma, broma
amarga. La razón vale poco, la verdad vale poco, la coherencia vale poco, lo
que no es dinero vale poco. Haz una mentira a tu alrededor, rodéate de riqueza,
mejor si la consigues con maldad y extorsión, y lánzate al ruedo político donde
te codearás con tus iguales para saquearle al pobre. En España tenemos notables
ejemplos: innoble nobles de la estafa social andan rodando por los juzgados
españoles mareando la perdiz, eludiendo la verdad y la devolución de lo robado.
El presidente de este Gobierno del partido más corrupto ha sido el primero en
felicitar al nuevo mandatario universal y ponerse a su servicio, como si no
fuera poco el servilismo de este Gobierno con el americano y sus bases
militares, su devoción y su apertura de piernas.
La derecha europea se frota las manos con placer y
esperanza sin fingimiento: el amo del mundo está de su lado, el universo cambia
de compás y ahí están ellos con una elecciones próximas atentos a la
construcción del futuro. Les he oído gritar a todos con el triunfo del gritón
mayor, Pato Donald Trump, aplaudir con desenfreno y los ojos rutilantes, de los
que sale una macabra decisión de triunfo. ¿Qué les moverá? Fácil suponerlo: el
dinero, el enriquecimiento por cualquier medio, de cualquier sufriente. Se ha
visto claro tras la proclamación de la victoria del Pato Donald Trump: la bolsa
trastabilló, bajó sus índices alarmada, pero ha vuelto a subir con rapidez. En
definitiva, el vencedor es un hombre de negocios, con alguna sospecha de
corrupción, como no puede ser menos en ese mundo de las finanzas. La economía
mundial respira tras el susto; el triunfador es uno de sus magnates y eso da
seguridad frente a la multinacionalidad de individuos asustados por este nuevo
orden/desorden que llega, que no es sino una continuidad del existente, quizás
expresado con el mayor descaro que impone un elegido presidente soez, ambiguo,
contradictorio y de escasas ideas, como ha demostrado en su primer discurso.
¿Qué pensarán los muchos millones de norteamericanos que no
votaron en estas elecciones, ese pueblo silencioso que se sentirá maltratado o
ajeno a cualquier tiranía de votos o dirigentes políticos? Aquí nos sirven el
resultado como si fuera la expresión de toda una nación; pero no es así. Hay en
este país tan aparentemente próspero, más de 45 millones de pobres. Y los
pobres no votan; se desea que no voten; son apestados políticos, no cuentan
para las estadísticas del voto.
PABLO DEL BARCO
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