domingo, 25 de diciembre de 2016
lunes, 5 de diciembre de 2016
EL CARRO DE LA LEJÍA, 5 de noviembre 2016
El
“Poema sucio” de un poeta trabajando la luz (Ferreira Gullar)
Las notas necrológicas de un poeta lo son a medias: el
hombre muere, el poeta vive eternamente en su obra. Me llaman de Brasil: ha
muerto Ferreira Gullar (1930), autor de Poema
sucio (Madrid, Visor, 1997). Aún no he reaccionado; leo las dedicatorias de
sus libros: “A mi querido amigo Pablo…”, y recuerdo su presencia viva en mi
casa hace años, los paseos acompañándolo por Sevilla, las charlas y los recuerdos,
las horas revisando mi traducción del libro en su algo desolado apartamento de
Copacabana. Lo califiqué en 1997, en la versión de su obra que él siempre
alabó, como el último gran poeta de Brasil, descendiente y casi único
representante de los escritores que en la Semana de 1922 dieron la vuelta a la
poesía brasileña.
Escribió “Soy un poeta del Nordeste brasileño, un poeta del
Maranhão… Un forajido, un superviviente, alguien que consiguió escapar del
anonimato, de la tragedia cotidiana y oscura que se desarrolla bajo los techos
de mi patria…; la tragedia de la vida-nada, de la vida-nadie. Si algún sentido
tiene lo que escribo es dar voz a este mundo sin historia”. Comenzó a escribir
a los doce años, en 1943 publicó Algo
encima del suelo mientras era locutor de Radio Timbira, de donde lo echaron
por negarse a dar una noticia falsa acusando de la muerte de un trabajador a
miembros del partido comunista. Cada día iba progresando en la confluencia vida
/ obra: “Comprendí que debía confundirme con la vida al precio que fuere… El
arte nos da lo esencial pero excluye la vida. La vida, en cambio, nos arrastra
en su caudal y nos dilapida en actos y hechos superficiales”.
Se comprometió, fue miembro del Partido Comunista
brasileño, salió exilado de Brasil con el golpe militar de 1964, hasta 1985.
Vivió en Chile los acontecimientos que acabaron con la muerte de su amigo
Salvador Allende; me lo contaba con recuerdos muy vivos y nostálgicos. En 1976
escribió en Buenos Aires Poema sucio,
poema coral de la vida de su país, expresada coherencia vital y poética del
escritor desde su nostálgica infancia. Decía: “Es extraño, pero cuanto más voy
envejeciendo más optimista me vuelvo”, prueba de haber sido fiel al su
compromiso intelectual, navegando por un lenguaje personalísimo, a veces
doloroso, que expresan el hombre (José Ribamar, su nombre) en toda su
intimidad, y el poeta (Ferreira Gullar), con su visión penetrante desde la
realidad más dolorosa y vivida, elevando lo cotidiano a la categoría de lo mágico poético.
Muchos
muchos días hay en un solo día
porque las mismas cosas
los componen
con su carne (o hierro
tenga el nombre que tenga esa
materia-tiempo
sucia o
no)
los componen
en los silencios aparentes o gruesos
como colchas de franela
o agua vertiginosamente inmóvil…
“¡Cuántas tardes en una tarde!”, escribió, cuántos
corazones en un poeta que vivirá ya eternamente viajando en el tren que tanto
amaba, hasta esa “ciudad que está en el hombre / casi como el árbol vuela / en
el pájaro que la deja”
Hasta siempre, hermano y maestro.
PABLO
DEL BARCO
lunes, 28 de noviembre de 2016
EL CARRO DE LA LEJÍA, 28 nov. 2016. (Rodrigo)
Los del PP, ¡esos
dioses!
Ha dicho Fátima Báñez, camillera
de la Virgen del Rocío salvadora de los trabajadores españoles, “En España, nadie cobra por debajo del salario mínimo
[655,2 euros] porque sería ilegal”. Creo que se ha confundido de Ministerio;
tendría que haberla nombrado su amigo Rajoy Ministra de Justicia porque ha
acabado de un plumazo con la ilegalidad en este país: como es ilegal no existe;
y punto. ¿O qué tal hacerla catedrática de Lengua y Filosofía).
A estos chicos del PP (Partido Pinocho)
los veo un poco perdidos: Rita Barberá les ha confundido de puro fácil que se
lo ha puesto con morirse. Las justificaciones para que abandonara el partido la
lideresa valenciana les ha dejado con el culo al aire; doblemente, porque
algunos han querido dar marcha atrás, sin saber que lo dicho y escrito dicho y
escrito queda. Rafael Hernando, portavoz del partido y notable cum laude
cobista mayor del reino, se ha superado en emitir desvergüenzas para ocultar lo
que me parece su necedad insuperable. Al Presidente Rajoy se le ha visto
atribulado y él, que tan mal lleva lo de coordinar los elementos oracionales,
ha dicho una frase en el entierro de la virgen senadora (Rita) que da que
pensar; la he oído muy bien, muchas veces, refiriéndose a su amiga: “…fue un
enorme honor ser su amiga”. Ué, don
Mariano, ¿se confiesa usted en el armario? ¿O cada día engarza peor los
elementos gramaticales? Las explicaciones de la Cospedal en el entierro, con su
intención de glorificar a la ex alcaldesa, fueron muy del orden de su famoso
“en diferido” balbuceando “honestidad”, “intelectual” y algunos otros epítetos
que, en la evaluación actual de su amiga, producen más rechazo que estupor.
Ellos creen no equivocarse nunca, como
cuando eran mayoría, y van de frente sin mirar atrás, sin mirar a los lados. A
los acomodaticios muchachos de Ciudadanos les están poniendo nerviosos. Albert
Rivera sabe que nada conseguirá dándoles la razón en todo y está ya afilando
los espolones para entrar en batalla, aunque sea meramente formal y teatrera. Y
piden árnica, piden diálogo los maestros en no dialogar, los espantapájaros de
la comunicación social. ¡Pobres ilusos, que no saben la que les espera!
Noviembre es el mes de los grandes
abandonos; Franco, aún vivo, murió el 20 de noviembre, (oficialmente, porque
una enfermera que le asistió en su muerte me aseguró que había fallecido tres
días antes, el 17); otra líder, la Barberá, claudicó definitivamente
este mes. Los dos dejaron un claro desconcierto al morir. Murió también otro
líder de la palabra secuestrada en libertad, Marcos Ana, que no produjo otro
desconcierto que el no llevar una maleta de venganza contra sus verdugos
franquistas. Fidel Castro también ha muerto con aplausos y lágrimas de un lado
o de otro, pero con la sabiduría de haber sabido retirarse a tiempo y no ser
retirado, como la Barberá.
¡Pobres dioses arramblados de sus altares por la envidia y
la ambición, la misma de que ellos gozaron y les dio fama y dinero! Pero
algunos pretendidos dioses no escarmientan, cegados por el poder que
almacenaron con desprecio a sus “súbditos”. El ex presidente valenciano Camps,
ese hombre de mano blanda (puedo certificarlo) y gesto altivo, de la corte
barbereña, parece que quiere presentarse a alcalde de Valencia. No saber vivir
alejado del paraíso de la fama (y quizás otros beneficios, por lo que vamos
sabiendo cada día). Tal vez algún bufón pueda enseñarle donde está la verdad
que él no ve. Tal vez estos dioses merecen endiosarse más, para reventar definitivamente.
¡Que no nos caigan encima sus pedazos, por favor!
PABLO
DEL BARCO
sábado, 26 de noviembre de 2016
miércoles, 23 de noviembre de 2016
EL CARRO DE LA LEJÍA, 23 nov. 2016
Muerto el perro se acabó la rabia
Rita Barberá ha muerto de tristeza. Ayer pensaba yo qué
sería de esta mujer arrogante, acostumbrada al mando de tropa política, con
muchas esquinas en la cabeza y en la palabra, cómo sería su muerte, seguramente
abandonada por aquellos que le habían aplaudido en vida, en la vida de triunfo
y esplendor. La veía en los reportajes políticos deambulando por los pasillos,
limosneando una mirada, un saludo de sus antiguos congéneres políticos que
antes la buscaban a ella, y me producía una enorme pena, que luego se desteñía al
considerar su papel a la vez oscuro y llameante en vida política española. Se
convirtió en una apestada, de la que todos se apartaban por miedo al contagio
de la mala crítica social; incluso los que le debían favores y empleos
políticos. Y se le puso cara de tristeza, más delgada, ocupando menos espacio
físico en sus paseos deambulantes y limosneros.
Pero no hay mal que por bien no venga; ahora, cuando ha
desaparecido la alcaldesa eterna, volverán los elogios, todos se travestirán en
amigos alabando sus virtudes y resaltando sus valores y la amistad que les
unía. Rita Barberá volverá, por unos días, a ser “la mejor”, como tantas veces
la calificaron el Presidente del Gobierno, la incalificable hoy ministra de
Defensa –lástima que no defienda la lengua española, que tan mal habla– la
vicepresidenta del Gobierno que agrandaba su boca chica para pronunciar la
elogiosa definición, y tantas y tantas sombras serviles que le acompañaban en la
época su vida triunfal.
Nadie recordará en poco tiempo sus sospechas de corrupción,
auriga de la empresa municipal por excelencia que dominaba con mano de hierro;
nadie se acordará de sus evidentes mentiras de desconocer el trasfondo limoso
de las cuentas de la entidad valenciana, del que pretendía salvarse con la
mayor impunidad, de considerarse por encima del bien y del mal, del desprecio
que manifestó a la lengua de su pueblo en aquel atribulado discurso de las
fiestas valencianas, el famoso “caloret”. Se va a convertir en adalid de su
partido político, en ariete de la honestidad popular. Va a ganar batallas después
de muerta, como el Cid Campeador pero sin su dignidad. A los que no apoyen la
sarta de elogios post mortem se les tildará de antipatriotas y desaforados
insensibles.
¿Qué pensará ella desde ese paraíso que sus colegas le
atribuyen con la muerte, que les evita todo compromiso, que les ha salvado de
tener que darle esquinazo en vida, que les evitará buscar justificaciones ante
las preguntas de la prensa, que les va a
provocar un suspiro de tranquilidad ante el amigoenemigo que desapareció por
voluntad del destino favorecedor? ¿Y qué pasará con las denuncias de
corrupción, con las acusaciones evidentes de sus adversarios políticos, con la
situación calamitosa que dejó su larga actividad en las arcas de la comunidad valenciana?
Nadie va a decirlo, pero cuántos se van a alegrar de la
muerte de la gran Rita, antigua mole política hoy desinflada, que tantos
dolores de cabeza estaba dando a su antiguo partido político, colocada con
calzador como senadora para no destapar el frasco de la podredumbre que se le
suponía, que denunciaba sin cesar la oposición después del aire fresco de las
nuevas instituciones municipales que levantaron sin miedo las viejas alfombras
acumulando debajo un mundo indescifrable, oculto y oscuro.
Descansa Rita Barberá, que más van a descansar tus
correligionarios, adictos al viejo refrán “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.
Seguiremos cocinando las viandas que nos llegan del mercado de los mentirosos
políticos si no le ponemos el freno de nuestra crítica. Espero que no lleguemos
a la antigua solución: a rey muerto, rey puesto, que aquí sería doble amenaza
porque de esos pejes –pejerrey– tenemos más de uno.
Pablo
del Barco
martes, 22 de noviembre de 2016
lunes, 21 de noviembre de 2016
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