«Desnudar la mácula, 41 instantes en los que Pablo del Barco nos invita a pasear por calles y estados, a abrir bien los ojos, a despabilar esa parte dormida de nuestra retina que nos sirve para poder leer y distinguir con claridad, sin artificios, los rostros de todas las cosas.» ELENA MARQUÉS
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Desnudar la mácula,
de Pablo del Barco, es su último libro de poesía, su última poesía, obra de
madurez en la que el escritor, desde su primer libro publicado en 1975, hace
una reflexión y una propuesta: la reflexión, pura y escueta, es sobre su
existencia, situado en los enclaves de su vivencia más actual, observando el
mundo en el que rezuman lo cotidiano y su reverso, los sueños, aún. La
propuesta es que el lector le acompañe para recibir, en lo posible, la
experiencia vivida, en un diálogo sencillo en el que las palabras, con
voluntario escaso artificio, disponen de un lugar que ocupan con toda la
libertad posible; el poeta es el mero ejecutor, el árbitro que sigue las reglas
de juego que ellas le marcan.
Desnudar la mácula
está editado por Factoría del Barco. Se presenta el día 17 de diciembre de este
año 2013, a las 20 horas. Elena Cortés, Licenciada en Filología y escritora,
nos iniciará sobre los valores del libro y/o su autor en el café cultural La
Mercería, calle Regina, 10, en la Encarnación sevillana.
jueves, 21 de noviembre de 2013
EL CARRO DE LA LEJÍA, 21 noviembre 2013
AVES CARROÑERAS SE QUIEREN COMER A TODOS LOS PAJARILLOS. Dos
años ppadeciendo.
Pajarillo inofensivos nos quieren a todos los que no
estamos en su nido. Con la nueva ley que nos amenaza de “agacha la cabeza o te
la agacho de un porrazo” vamos camino de ser una sociedad sin quiebra ni
desorden. Porque ¿para que sirven las huelgas? ¿Para ensuciar las calles y
aturdir con los gritos de los manifestantes? ¿Para qué protestar por una
educación digna si después nos tenemos que comer los títulos con papas y
alejarnos del embrutecido suelo patrio? ¿Para qué una sanidad pública,
deficitaria, que no permite que unos cuantos se enriquezcan para certificar de
muerte un país catastrófico? ¿Para qué preocuparse de los viejos, que ya
hicieron su vida y sufrieron bastante desde nuestro señor victorioso general Franco?
¿Para qué van a sufrir más los jubilados comprando medicinas y dando la coña
cuando el país necesita gente joven desocupada y sin futuro de los que echar
mano en tiempo de elecciones con contratos basura que den buenas cifras de
descenso del paro? ¿Para qué una justicia justa, igual para todos en palabra de
rey, que no permitiría que unos desvergonzados sin ética tengan ricas
propiedades para que las admire el mundo pregonando la riqueza de los
españoles? ¿Para qué unos políticos que digan la verdad, pues siempre se ha
dicho que la verdad ofende? ¿Para qué una vida pública transparente si
transparente es la vida pública de las mujeres públicas y quieren los políticos
llamados (por ellos mismos) decentes erradicarlas, quizás para no tener una fuerte
competencia en sus actos sociales? ¿Para qué implicar a infantas, maridos de
infantas y otros subgéneros, en imputaciones legales, que pondría en un brete a
ciertos fiscales y jueces, desestabilizando el aparato de la justicia, que
tiene un camino marcado y bien marcado, atado y bien atado, con un ministro que
desestabiliza para luego estabilizarnos con sus apremiantes disposiciones de
carácter protohistórico, que monta el corcel de la “vendetta” permanente? ¿Para
qué molestar a la realeza, que tan bien luce en actos oficiales, tan guapa
ella, y prestigia un país que quieren que sea de palurdos súbditos ignorantes
para que la familia real destaque entre tanta basurilla? ¿Por qué quitar la
asignatura de religión de las escuelas cuando es esta tan efectiva con su
máximo decreto de creer lo que no vemos, para que no se dañen nuestros
espíritus con dudas y oscuridades del comportamiento de nuestros mayores en los
gobiernos oficial e inútilmente aconfesionales? ¿Por qué atacar a los bancos,
que son los depositarios de nuestros presuntos ahorros, que tan bien cuidan y
hacen producir en “beneficio propio”? ¿Para qué actuar contra los impunes pues
si todos fueran defenestrados de tal categoría no habría sitio en las calles
para andar con la tranquilidad de creer en nuestros políticos? ¿Para qué
criticar a don Mariano el Incumplidor si llegarán las elecciones y será votado
por una masa que no olvida tiempos pasados ni pasados privilegios, haciéndose
cómplices de las engañosas promesas del señor Registrador, que si registra lo
mismo que miente pronto tendremos un monumental caos geográfico de lindes
confusos, propiedades duplicadas o desaparecidas? ¿Para qué penar por los
imputados si algunos gobiernos los defienden y hacen una piña para que sean
des-imputados por aquello de la barba del vecino y los afeites, no siendo que
la navaja se les ponga al cuello? ¿Para qué dolerse de la formación
universitaria en el país si luego el señor WÉRTigo nos va a dejar pelados de
becas, y va a crear si no lo hiciera un país con juventud pensante, formada, a
la que crearía la responsabilidad de irse del país quiera o no quiera? ¿Por qué
no admitir que somos pajarillos engañados e indefensos a tiro de pico de
rapaces disfrazadas de maliciosas lagarteranas del lujo en beneficio propio,
radiantes de mentiras que triunfan, con orejeras de oro, que nunca pisan el
pobre cielo de los pobres mortales? ¿Para qué enfadarse con la ppolitizada Agencia
Tributaria, hoy un loquerío de dimisiones y suspensiones –más de 300 en 18
meses- si al final seguiremos pagando los pobres en aras de los ricos y los
ricos salvando sus riquezas allende nuestras fronteras?
¿Para qué tanta mentira eufórica si cada día el pueblo es
más pobre, el rico más rico, los bancos más usureros, la justicia más
discutible y cara, las promesas un chiste cada vez de peor gusto, la cultura
enterrada como víctima de la guerra civil, los mayores con andadores oxidados y
la sanidad más insana? Y, en definitiva, ¿dónde encontrará el gobierno y a qué
precio jaulas de alambre para que tantos pajarillos que somos quedemos a merced
de las rapaces?
PABLO
DEL BARCO
jueves, 14 de noviembre de 2013
EL CARRO DE LA LEJÍA, 13 noviembre
2013
“Aquí me las den todas, o parecer
que digo sin decir”
A
mí, como supongo que a muchos ciudadanos, la última proclama del PSOE queriendo
convencer de la puesta a punto de un partido renovado me parece una sombra
chinesca, al socaire de las autoalabanzas del PP sobre la calidad casi perfecta
de su gobierno y la prosperidad anunciada sin mucho fundamento. Me suena a
alharaca sin más, cosa de competencia ante la evidente caída del partido en las
estimaciones de voto. Yo no veo renovación, no veo capacidad ni voluntad de
asumir el riesgo de comprometerse, de incorporarse a una sociedad en crisis. Y
confieso que empiezo a ver pocas distinciones entre el partido en el Gobierno y
el principal partido de la oposición. El PSOE no está dispuesto a enmendar
errores. Habla con la boca pequeña de la constitución de un Estado federal,
medida que no supo tomar en su momento, cuando favoreció la creación del Estado
de las autonomías, que era un quiero y no puedo, por miedo seguramente a la
reacción social. Es una contradicción que sigue pagando y pagará mientras no
afronte el problema con valentía y dignidad. Su actitud ante la descalificación
de la ley Parot demuestra también la tibieza de sus dirigentes. Pero donde más
ambiguo se manifiesta, a pesar del sentir en una parte de la base del partido, es
en su actitud frente a la permanencia de la institución monárquica. Ya
sorprendió en la reinstauración de la monarquía, de mano del dictador; ya se
hizo sospechoso el partido de la mano de Felipe González con las palmaditas en
la espalda de un monarca que, en mi opinión, no ha sabido estar a la altura de
las circunstancias en momentos significativos: la guerra en Irak, donde actuó
de hombre invisible (Al Rey
corresponde, previa autorización de las Cortes Generales, declarar la guerra y
hacer la paz, reza el artículo 63.3 de la Constitución española); el golpe del 23 F y su sospechosa
actitud, muy bien aclarada y sustentada por la prensa alemana; sus alianzas con
magnates del petróleo, la impermeabilidad de su fortuna, y sus amores
continuados, que nada me importan en lo personal pero sí cuando nos afecta por
las interferencias y consecuencias políticas y económicas que acarrea.
Durante
el gobierno del PSOE, partido en su origen republicano, no hubo la mínima
preocupación por definir la figura del príncipe heredero. Ahora el monarca se
aferra a sus privilegios y no quiere
abandonar el poder, siguiendo la educación antidimisionista de nuestro país. Pero
hay un problema que nos acecha: lo que ocurrirá si Albert Solà Jiménez,
autoproclamado hijo bastardo de Juan Carlos, único varón de los tres que se le
atribuyen ya sin reserva ni censura, y primogénito, nacido en 1965, 12 años
antes que el príncipe Felipe, consigue que se le reconozca la paternidad del
Rey, salvando la actitud de los juzgados de primera instancia 19 y 90 de Madrid,
que se niegan a admitir la demanda de paternidad aferrándose a la
“inviolabilidad” del monarca que establece el artículo 56.3 de la Constitución
española: La persona del
Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre
refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez
sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65, 2.”, que
reza El
Rey nombra y releva libremente a los miembros civiles y militares de su Casa.
El artículo 64 dice: 1. Los actos del Rey serán refrendados por el
Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. La
propuesta y el nombramiento del Presidente del Gobierno, y la disolución
prevista en el artículo 99, serán refrendados por el Presidente del Congreso. 2.
De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden.
Dicho de otra manera, aquí nadie se atreve a
ponerle el cascabel al gato. Y el gato está al acecho, con la secuencia
hereditaria que marca la Constitución bajo el brazo, en el artículo 57: La Corona de España es hereditaria en los
sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la
dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de
primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a
las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el
mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a
la de menos. Aquí está la herida y aquí le duele a nuestra temerosa democracia.
Ya no es momento de pedirle responsabilidad al
monarca por sus actos; es la hora de tomar medidas sobre la institución
monárquica, tan en entredicho últimamente, tan desacreditada en lo que se sabe
y de tan magna sospecha en lo que de sus miembros se comenta, poco o muy
abiertamente. Más se conoce en Alemania que en nuestro país del tema; más se
comenta. En esta época en la que el Gobierno y otros compañeros de la actividad
pública nos mienten uno y otro día sobre
aspectos de grave índole social, es necesario que algunos “representantes” del
pueblo tomen la bandera de la historia para procesar un futuro que lo que exige
es, sobre todo, una buena dosis de verdad.
PABLO
DEL BARCO
EL
CARRO DE LA LEJÍA. 6 de Noviembre de 2013.
“PPeor impposible”
Con la vuelta atrás de las no dotaciones para los becarios
Erasmus este Gobierno demuestra que no sabe por donde anda, salvo en lo de dar
a los que tienen y quitar a los que carecen. Estos muchachos pudientes, impolutos
y arrogantes del Gobierno la toman con los débiles –becados, pensionistas,
parados…- lo que demuestra su cobardía y falta de principios morales. El
WERTiginoso, humorista y denostado ministro de Educación al fin piensa, con cabeza
ajena, claro, domiciliada en Bruselas. No dimite y bate además el reto de
oponerse a todos; le faltaban los de su partido político y ya lo está
consiguiendo. El Señor Presidente se enfada por la crítica tumultuosa de la
oposición y todos los estamentos sociales sobre las becas; es difícil asumir el
bochorno del tal ministro, y el coste de esta metedura de pata: veinte millones
de euros. Quienes dijeron desde la oposición que sobraban el cincuenta por
ciento de los asesores nombrados a dedo, han aumentado un diez por ciento estos
“colaboradores” digitales en su Gobierno, al mismo tiempo que descuelgan y
empobrecen a funcionarios, expertos en lo que trabajan; para los suyos sí hay
presupuesto. A la euforia por la mejora de economía le lleva la contraria el
número real de parados este mes, más de ochenta mil más, y ni el truco de
sustituir trabadores de primera línea por eventuales ajusta las cuentas de un
sistema laboral que hace aguas por todos los lados. El ministro Mentioro, don
Cristóbal, sigue empeñado en que creamos que vamos disparados hacia una
economía brillante, ejemplo y seña para el mundo entero. Un vecino de mi calle,
con el botellín en la mano, me pregunta qué alucinógeno toma este experto en
sueños. Tienen que estar todos enfermos porque la privatización
–“externalización”: ¡ah, inventores de palabrejas sin existencia ni significado!-
de la sanidad les produce un permanente dolor de cabeza.
El gobierno levantino cierra la televisión comunitaria
frente a la obligación legal de marcha atrás del ERE chapuza que hicieron. Es
otra solución cobarde de un ente que anda resbalando por los juzgados y las
lenguas por mor de sus directivos –que no dirigentes-, expertos –según comenta
el pueblo levantino- en dilapidaciones y prostíbulos, vía Gurtel y otros. Ahora
se enzarzan los ppolíticos entre
ellos porque todos quieren el poder absoluto, olvidando que hay un pueblo que
sufre, viviendo los beneficios desorbitados de la banca, y un mierdeo entre
partidos que da verdadero asco y acentúa el descrédito de la clase política, de
una y otra estampa. Al ministro Cristóbal Mentioro se le va cayendo el pelo a
ojos vistas, en competencia con el ministro de Guindos, de tanto rascarse la
cabeza para urdir mentiras creíbles, ya no desde la realidad, por supuesto,
sino desde la más descabellada fantasía.
PPero el fútbol-morfina todo lo amansa, todos los días,
mientras la cultura cae en picado: cine, teatro, danza, música, arte, literatura
no interesan a este desGobierno, de miembros persistentes en la escasa cultura,
de muchos tropezones en el habla, reflejo del torpe pensamiento. Un pueblo
culto siempre fue un peligro social para sus mentes; ya sé que no digo nada
original pero es imprescindible recordarlo con frecuencia. La monarquía sigue
agazapada bajo las operaciones físicas del monarca, y sus impostados
familiares, amparados por una Constitución que no se atreve o no desea
determinar legalmente los derechos y las obligaciones del heredero, del
oficial, porque al presunto hijo mayor bastardo del rey, que tiene nombre y
apellidos, nadie se atreve a mentar. Y la oposición sin luz: a nadie le
interesa agarrarse a un clavo ardiendo. Pero llegarán tiempos mejores, cuando
se acerquen las elecciones y todo sean promesas que nunca se han de cumplir.
PABLO
DEL BARCO
sábado, 17 de agosto de 2013
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